Cuando el pescador Scott Thompson cayó de su embarcación una noche en el canal de Santa Bárbara, frente a la costa de California, no sabía si sobreviviría. Nadó tras el barco, pero el motor estaba en marcha y no pudo alcanzarlo. Entonces, intentó llegar a una lejana plataforma petrolera en medio de la oscuridad. Cuando empezaba a perder la esperanza, oyó un chapoteo en el agua. Una foca nadó con él, empujándolo hacia la plataforma. Cinco horas más tarde, Thompson llegó a su destino y describió a la foca como «un ángel» enviado para ayudarlo.
El escritor de Hebreos describe a los ángeles como «espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación» (Hebreos 1:14). El pasaje destaca la grandeza de Jesús y enfatiza que los ángeles existen para asistir en su propósito de salvarnos. Jesús sostiene «todas las cosas con la palabra de su poder» (v. 3).
A nuestro alrededor, hay una realidad invisible en la que Dios envía ángeles para ayudar a quienes han recibido con alegría la buena nueva de Jesús. A veces, nuestras noches pueden ser largas y tal vez nos preguntemos si podremos continuar. Pero el Señor siempre nos dará la ayuda que necesitemos para impulsarnos hacia delante.



