El Señor sabía lo que significaba tener recursos económicos limitados, enfrentar el cuestionamiento de los suyos y ser rechazado por quienes buscaba servir (Mt 8.20; Mr 3.21; Jn 6.66, 67). Sin embargo, a pesar de toda esa oposición, nunca permitió que las circunstancias afectaran su confianza en el Padre celestial, sino que permaneció firme en su propósito.
Estamos llamados a seguir su ejemplo, creyendo que Dios es fiel para cumplir todo lo que ha prometido. Hebreos 7.25 asegura la salvación a todo el que acude a Dios por medio de Jesucristo. Él perdona y transforma en una nueva criatura a toda persona que pone su fe en su Hijo (2 Co 5.17). Sin importar el pasado o lo que esté ocurriendo en el presente, el Señor extiende su invitación a acercarse con fe y recibir el regalo de la vida eterna. Asimismo, promete afirmar en la verdad a quienes confían en Él (Ro 16.25). Por medio de su Palabra y de su Espíritu, aprendemos a ver la vida desde su perspectiva y a entender su voluntad.
Al creer en que Dios cumple sus promesas, fortalecemos nuestra fe y sentimos paz. Las dificultades que antes nos habrían desconcertado pierden su poder. La esperanza reemplaza al desaliento y la confianza vence la duda. La próxima vez que tenga problemas, enfóquese en las promesas de Dios y en su cuidado.
BIBLIA EN UN AÑO: ISAÍAS 54-57



