Mi nietito iba a pasar la noche en nuestra nueva casa, en una cama desconocida. Se reía entusiasmado mientras leíamos libros bajo la carpa de dinosaurios que había armado sobre su cubrecama, pero cuando llegó la hora de dormir, abrió grandes los ojos y, preocupado, preguntó: «¿Cómo te encuentro si te necesito?». Tuve una idea: tomé un rollo de cinta de regalo del armario, y juntos la desenrollamos desde su cama, por el suelo, a lo largo del pasillo y hasta mi habitación. «No te preocupes —dije—. Si me necesitas en la noche, ¡sigue la cinta y me vas a encontrar!». Respondió con una sonrisa radiante.
En Mateo 6, Jesús habla de nuestra lucha con la preocupación por lo que comeremos y beberemos, por nuestro cuerpo y vestimenta (v. 25 rvc). La raíz griega de la palabra traducida como «preocupen» significa estar dividido en dos direcciones: la de la fe frente a la de la autosuficiencia. En el versículo 33, Jesús ofrece la solución: «Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». Nuestro desafío es elegir y seguir la única dirección que lleva directamente a su corazón.
Cuando luchamos con preocupaciones, podemos seguir la «cinta» que nos dirige al reino de Dios, a sus caminos y a su presencia, sabiendo que Él proveerá todo lo que necesitemos.



