Según investigaciones, la Generación Z puede detectar un falso cumplido a más de un kilómetro de distancia. Los miembros de esa generación valoran algo más profundo: el respeto genuino y la sinceridad. No buscan que los halaguen; quieren que alguien crea en ellos. Cuando se les dice la verdad, se sienten respetados, tomados en serio y desafiados a crecer. Es probable que esto sea cierto para la mayoría de nosotros.

El Salmo 141:5 da voz a esta sabiduría. David escribió: «Que el justo me castigue, será un favor, y que me reprenda». En su oración a Dios, le pide que pueda recibir las heridas amorosas de los amigos como un favor (v. 5; ver también Proverbios 27:6). David insinuaba que el verdadero amor no elude las conversaciones difíciles. Dice la verdad para ayudar a acercarse a Dios y no «a cosa mala» (Salmo 141:4). Este pasaje nos recuerda que los comentarios sabios y sinceros no son para derribar a los demás, sino edificarlos.

No temamos recibir correcciones de las fuentes adecuadas, y tampoco rehuyamos ofrecerlas. Necesitamos personas dispuestas a decir la verdad con amor. A veces, las palabras que más duelen son las que nos edifican, nos sanan y nos ayudan a convertirnos en aquello que Dios quiso que fuéramos.

De:  Marvin Williams

Reflexiona y ora
¿Por qué puede ser difícil corregir a otros creyentes? ¿Cómo respondes a la corrección amorosa de los demás?
Querido Dios, ayúdame a dar y recibir comentarios y correcciones sabios como dones de tu gracia.