En una charla TED, Celeste Headlee presenta «10 maneras de tener una mejor conversación». Una de ellas puede parecer contraintuitiva: para tener una buena conversación, necesitamos escuchar. A menudo, cuando otra persona está hablando, no la escuchamos sino que vamos pensando en lo que queremos decir a continuación. Headlee cita a Steven Covey: «La mayoría de nosotros no escucha con la intención de entender, sino de responder».

Las Escrituras tienen mucho que decir sobre escuchar, especialmente cuando se trata de Dios. Eclesiastés es bastante directo: «abre los oídos y cierra la boca» (Eclesiastés 5:1 ntv). Nos recuerda que Dios sabe mucho más que nosotros —«Dios está en el cielo» (v. 2)—, por eso es sabio escucharlo. Proverbios parece coincidir con Headlee y Covey: «Al necio, la inteligencia no le causa placer; tan sólo le interesa exhibir lo que piensa» (18:2 rvc).

¿Qué significa esto para nosotros? Cuando nos presentamos ante Dios en oración, sería bueno dedicar tiempo a escucharlo, no solo a hablar sin parar de nuestras preocupaciones y problemas. Y cuando conversemos con otros hoy, quizá nos sorprenda cómo se profundizan nuestras relaciones cuando realmente escuchamos, en lugar de estar pensando en lo que queremos decirles.

De:  Kenneth Petersen

Reflexiona y ora
Respecto a escuchar, ¿de qué manera podrías modificar tu tiempo de oración con Dios? ¿Cómo podrías dedicar más tiempo a escucharlo?
Dios, ayúdame a escucharte a ti y a los demás.