«Qué crueldad que es faltar a la verdad», escribió en una ocasión Meister Eckhart en un poema que contrasta las relaciones construidas sobre la confianza con las dañadas por la mentira. Describió las palabras sinceras y amorosas como «especias maravillosas mezcladas en el día a día». Pero las mentiras son como terremotos en la mente y veneno para el alma: «Se crea un caos en la mente que ya no puede confiar en alguien que una vez amó. […] la persona que no puede decir la verdad esparce una plaga».
La imagen de una plaga propagada por falsedades puede parecer cruda. Pero tomarse esto en serio nos lleva a ver cómo se describen a lo largo de la Escritura nuestras palabras y su impacto. Pablo les dice a los nuevos creyentes: «No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo» (Colosenses 3:9-10).
Hay muchas razones para caer en la tentación de mentir o distorsionar la verdad. Pero a través del amor de Cristo y la obra del Espíritu, aprendemos un camino diferente: uno transformado por «tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia» (3:12 lbla). Y aprendemos cómo el perdón y el amor pueden crear el tipo de confianza y paz que trae descanso a nuestras almas (v. 15).
De: Monica La Rose



