Salmo 40.1-3

Las Sagradas Escrituras contienen muchas historias de personas que esperaron años antes de que las promesas de Dios se cumplieran. Esperar en el Señor desarrolla nuestro carácter y fe en Él.

Veamos hoy a David. Él era el heredero elegido para el trono de Israel, pero pasó años esquivando la furiosa persecución del rey Saúl. A pesar de tener dos oportunidades diferentes para vengarse, David resistió la tentación y le perdonó la vida a Saúl. Eligió esperar el tiempo de Dios para su coronación en lugar de deshonrar al Señor matando al rey ungido.

En el Salmo 18.16-19Salmo 139.14 y otros, David revela su clara conciencia de la obra del Señor en su vida. El rey pastor no solo ascendió al trono mediante la paciencia; también aprendió que el camino de Dios es siempre el mejor. Creció en su compromiso de confiar en el Señor en lugar de forzar los resultados mediante sus propias acciones.

No podemos forzar los tiempos de Dios, y nuestra paciencia no nos gana su favor, pues este ya nos ha sido dado por gracia. Sin embargo, esperar en el Señor sí nos transforma. David no fue bendecido porque fuera especial ni porque lo hubiera merecido. Fue bendecido porque Dios es fiel a sus promesas. Y esa misma fidelidad también se extiende a nosotros cuando esperamos en Él.

BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 25-27