Cuando Lam Wai Chan se mudó desde su Singapur natal para pastorear una iglesia en Japón, entró en pánico. La iglesia apenas tenía veinte miembros. En una nación conocida como «cementerio de misioneros», donde aproximadamente el uno por ciento de la población es cristiana y muchas iglesias están vacías, Lam sintió que «estaba tomando el mando de un barco que se hundía». Al clamar a Dios, percibió su respuesta: «Entrégame la iglesia».

En lugar de «modernizar» la adoración o la música, les pidió a los miembros que oraran por sus familiares y amigos que no conocían a Jesús. Poco a poco, la congregación se duplicó.

Su oración fiel es un modelo bíblico viviente de cómo construir una comunidad en Jesús. Primero, ora. Pablo escribió: «sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias», sin preocuparse por nada (Filipenses 4:6). De esta manera, le entregamos nuestros ministerios, iglesias y programas a Dios. Podemos plantar semillas y regarlas, pero como dijo el apóstol: «ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento» (1 Corintios 3:7). Y agregó: «nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo» (v. 11). Entreguemos nuestras iglesias a Él en oración. Luego, observemos cómo crecen.

De:  Patricia Raybon

Reflexiona y ora
¿Qué pone a prueba tu trabajo para construir una comunidad en Cristo? ¿Cómo puedes entregarle el esfuerzo a Dios?
Dios, haz crecer a tu iglesia.