Mi amigo José estaba en cuidados paliativos. Había estado lúcido en mi visita anterior, pero una semana después, estaba frágil y sin habla. Al final de la que sería mi última visita, fui la última en la sala con él. Finalmente, me dirigí hacia la puerta, pero me volví una última vez para decir: «Te quiero», sin esperar respuesta. Entonces, vi a José moviendo los labios. Me respondió: «Te quiero».
Las palabras de despedida de alguien pueden dejar una impresión duradera. Cuando Jesús se preparaba para regresar a su Padre después de su muerte y resurrección, les aseguró a sus discípulos que toda autoridad en el cielo y en la tierra le pertenecía a Él (Mateo 28:18). Y los dejó con una última indicación, diciendo: «Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado» (vv. 19-20). Cristo también les aseguró que siempre estaría con ellos (v. 20).
Las palabras de despedida de Jesús son también para nosotros hoy. Obedezcamos su llamado a hablar a otros de Él para que puedan experimentar su amor y perdón, vivir para Él y disfrutar de la vida eterna a su lado en el cielo. Su mensaje es demasiado bueno como para no compartirlo con personas de todas las naciones.
De: Nancy Gavilanes



