«¿Qué te hace sonreír cuando piensas en tu hijo?», le pregunté a Claudio, un joven al que estaba aconsejando. El orgulloso padre compartió algunos de los logros de su inteligente hijo de cuatro años. Un detalle en particular me hizo gracia. El niño no solo tiene el nombre y el apellido de su padre, ¡sino que se parece tanto a él que puede desbloquear el teléfono celular de su papá con reconocimiento facial!
En Juan 14, Jesús dejó claro lo mucho que se parecía a su Padre. Cuando el inquisitivo Felipe le pidió: «Señor, muéstranos el Padre» (v. 8), Él respondió: «Hace ya tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y tú, Felipe, no me has conocido? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (v. 9 RVC). ¿Cómo se reveló el Padre a través del Hijo? El amor, la misericordia y la gracia de Dios se mostraron brillantemente en las «palabras» (v. 10) y las «obras» (v. 11) de Jesús.
Gracias al Espíritu de Dios, los creyentes en Jesús tienen el privilegio de compartir la semejanza familiar. El Dios invisible se hace visible a través de sus hijos. En cuanto al amor semejante al de Cristo, Juan nos recuerda: «Nadie ha visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se ha perfeccionado en nosotros» (1 Juan 4:12).



