Kiribati, un país insular en el Océano Pacífico, es la única nación que se extiende en los cuatro hemisferios de la tierra. Sus treinta y tres islas cruzan el ecuador y el meridiano 180. También es una de las naciones más remotas.
Servimos a un Dios que se interesa por esos lugares remotos. Mientras Jesús preparaba a sus discípulos antes de regresar al cielo, les dijo: «recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). «Hasta lo último de la tierra» es un llamado a llevar el mensaje del evangelio a los lugares más aislados del mundo. Pero no se limita a lugares remotos. También incluía Jerusalén y las regiones cercanas de Judea y Samaria.
Después de esas palabras de despedida, «viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos» (v. 9). Entonces, aparecieron dos ángeles y dijeron: «Este mismo Jesús, […] así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (v. 11).
El evangelio de Jesucristo es la noticia más importante que alguien pueda escuchar. Nuestro desafío, como sus embajadores, es compartirla. Con la ayuda del Espíritu Santo, asegurémonos de que todos —cerca y lejos— tengan la oportunidad de escucharla.



