Mark, un maratonista y pastor dedicado que sirvió en dos iglesias durante treinta y cinco años, se jubiló hace poco. Uno de los regalos que recibió fue un par de zapatillas nuevas para correr. A lo largo de su vida, ha corrido la carrera de 42 kilómetros en varias ciudades del país. En la fiesta de despedida, personas de la comunidad y de las iglesias en las que sirvió también expresaron su agradecimiento por la fidelidad de Mark. Gracias al poder y la gracia de Dios, terminó bien.

La vida se parece más a una maratón que a una carrera corta. A veces, sentimos fatiga y ganas de rendirnos. Sin embargo, la gracia y la fuerza de Dios son inagotables para quienes confían en Él. Cuando el apóstol Pablo, encarcelado, se acercaba a la línea final de su vida (2 Timoteo 4:6), animó a su discípulo Timoteo, diciendo: «He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (v. 7). Los caminos de la vida nos llevan a distintos lugares. Pero sin importar en qué punto del recorrido estemos, siempre es bueno recordar que la perseverancia llena de fe es esencial y gratificante (v. 8); que Dios es la fuente de nuestra fuerza (v. 17); y que, por su gracia, Él nos «preservará para su reino celestial» (v. 18).

De:  Arthur Jackson

Reflexiona y ora

¿Cuándo experimentaste la fortaleza de Dios aun cuando querías rendirte? ¿Cómo puede inspirarte la perseverancia de otros potenciada por el Espíritu?
Padre, que recuerde que los que confían en ti «tendrán nuevas fuerzas» (Isaías 40:31).