«¿Cómo se llama mi mamá biológica?». La sincera pregunta de mi hija de siete años me atravesó el corazón. Su adopción había sido privada, y solo nos habían proporcionado la información más básica sobre sus padres: estatura, peso, edad, color de cabello y ojos. ¿Cómo responder? ¡La pregunta parecía imposible! Respiré hondo y oré: «Dios, ¿qué digo?». Una frase me brotó de la boca: «¿Cómo te gustaría que se llamara?». Ella sonrió y exclamó: «¡Madeline!». «Entonces, ¡es Madeline!», declaré. Creo que Dios me dio una respuesta cuando yo no la tenía.

En los años siguientes a su muerte, los seguidores de Jesús enfrentaron grandes desafíos en los cuales necesitaron respuestas divinas en situaciones aparentemente imposibles. En Juan 14, Jesús prometió que no los dejaría solos, sino que vendría a ayudarlos (v. 18). Además, Dios proveería una ayuda constante: «el Consolador, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho» (v. 26).

A veces, las preguntas que enfrentamos parecen imposibles de responder. Necesitamos la ayuda de Dios y sus respuestas en la crianza de nuestros hijos, en el trabajo, con nuestros vecinos y en el mundo. Cuando no tenemos las respuestas, Él puede darlas.

De:  Elisa Morgan

Reflexiona y ora

¿En qué áreas de tu vida necesitas que Dios te ayude hoy? ¿Qué preguntas tienes que solo Él puede responderte?
Padre, gracias por el Espíritu Santo que me guía en todo momento.