Durante siglos, las personas se han sentido fascinadas por el Santo Grial: la copa de la que Jesús bebió en la Última Cena. Las leyendas que rodean al rey Arturo y a los caballeros de la Mesa Redonda detallan su obsesión por encontrarla. Creían que tenía poderes mágicos. En el cine, Indiana Jones y su padre, Henry, cumplieron el sueño de toda la vida de Henry al buscar el Grial.
Aunque esto constituye un relato fascinante, la verdad es mucho más sencilla. La copa en sí no tiene poderes especiales. El verdadero poder está en lo que representa. Mateo describe la escena en el aposento alto la noche antes de que Jesús fuera a la cruz: «Y tomando [Jesús] la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados» (26:27-28). La copa es un símbolo de la sangre que Jesús derramaría a nuestro favor.
Juan el Bautista presentó a Jesús como «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). Hebreos 9:22 afirma: «Sin derramamiento de sangre no hay perdón» (rvc). Y Pablo escribió que Cristo es «nuestra pascua» (1 Corintios 5:7). Jesús pagó la pena por nuestros pecados. ¡Cuán agradecidos estamos por la sangre derramada de nuestro Salvador, el Cordero!



