Cuando era niño, llevé a casa una libreta con todas calificaciones excelentes. Las de mi hermana, cinco años mayor que yo, eran más bajas, así que pensé que yo era más inteligente que ella. Entonces, mi hermano mayor propuso probarnos. Fue a la biblioteca, tomó un libro y me pidió que leyera. Apenas reconocí algunas palabras, pero mi hermana leyó sin dificultad. Mi hermano declaró que ella era la más inteligente. Su prueba resultó sabia y aprendí la lección.

Israel también aprendió de Salomón una lección sobre la sabiduría. Dos mujeres habían dado a luz. Uno de los bebés murió cuando su madre accidentalmente «se acostó sobre él» (1 Reyes 3:19). Entonces, esta reclamó que el bebé vivo era suyo. Ambas acudieron a Salomón para que decidiera quién debía quedarse con el niño. Al escucharlas, ordenó que el bebé vivo fuera partido en dos, y que cada mujer recibiera la mitad (v. 25). La que no era la madre aceptó, pero la verdadera dijo: «dad a esta el niño vivo, y no lo matéis» (v. 26). Ante sus palabras, Salomón determinó que ella era la madre y ordenó que le entregaran el bebé (v. 27). La sabiduría que Dios había dado a Salomón quedó demostrada.

Con la ayuda de Dios, nuestras acciones también pueden mostrar a otros la verdadera sabiduría que proviene de Él (Proverbios 2:6).

De:  Katara Patton

Reflexiona y ora
¿Para qué decisiones necesitas hoy sabiduría? ¿Cómo puedes hallar sabiduría?
Dios, dame sabiduría para saber qué hacer.