La «siesta táctica» es una serie de pautas para que los soldados logren dormir provechosamente entre diez y treinta minutos. Cuando experimentan una oleada de soledad o ansiedad, los soldados pueden ser incapaces de relajarse. Los consejos incluyen usar tapones para los oídos y leer antes de dormir. Es cuando más necesitamos descanso que resulta más difícil encontrarlo.
El rey David lo experimentó al huir al desierto para escapar de su hijo Absalón. David y sus seguidores lloraron en voz alta por la traición, con las cabezas cubiertas en señal de duelo (2 Samuel 15:30-31). Entonces, David clamó: «¡Oh Señor, cuánto se han multiplicado mis adversarios!» (Salmo 3:1). Sin embargo, quizá recordando noches difíciles pasadas, continuó: «Yo me acosté y dormí, y desperté, porque el Señor me sustentaba. No temeré» (vv. 5-6). Comprendió que Dios, no Absalón, tenía el control de su situación. Incluso envió el arca del pacto de regreso a Jerusalén, reconociendo que el futuro estaba plenamente en manos de Dios (2 Samuel 15:25-26).
El sueño se vuelve especialmente esquivo cuando enfrentamos adversidades durante el día, pero esto es bueno para recordar cuántas cosas están fuera de nuestro control. Pero Dios nos sostiene, y confiar en Él puede ayudarnos a acostarnos y dormir en paz.



