Cuando era niña, iba contenta con mi familia a la iglesia cada domingo. Nuestro pastor irradiaba alegría y siempre incluía a los niños en el servicio. Tanto él como mis maestros de escuela dominical me inculcaron amor por las Escrituras. Y los domingos por la noche, solía haber un predicador invitado o un misionero que despertaba en mí un sentimiento hacia las misiones. El lema de nuestra iglesia era: «La iglesia cálida en la calle Coldwater [agua fría]». No era perfecta, pero éramos una familia. Desde entonces, he seguido asistiendo a la iglesia (aun cuando fue difícil encontrar la adecuada), y como resultado, mi fe ha crecido.

Al igual que hoy, los creyentes en Jesús de la iglesia primitiva necesitaban apoyo y ánimo, y entendían la importancia de reunirse con otros creyentes (Hechos 2:46). Eran una familia. Juntos, se edificaban unos a otros cuando la vida y el servicio a Dios se volvían difíciles. Se reunían para orar, estudiar las Escrituras, alabar a Dios, disfrutar de la comunión y compartir comidas (v. 42). Como resultado, Dios hizo que su número aumentara (v. 47).

Encontrar una iglesia afín puede llevar tiempo, pero es vital. Es difícil enfrentar la vida solos; por eso, Dios nos dio familias y comunidades de fe. La iglesia es un gran lugar para congregarse.

De:  Alyson Kieda

Reflexiona y ora
¿Por qué crees que es importante tener una congregación en la iglesia? ¿Cómo podría alentarte participar en actividades de la iglesia?
Dios, gracias por poder aprender de ti en tu iglesia.