Gálatas 5.17-21

Los celos son una de esas emociones que pueden tomarnos por sorpresa. A veces no reconocemos la envidia hasta que empezamos a comparar nuestras circunstancias con las de otros: sus éxitos, sus relaciones o sus oportunidades. Es una lucha común, pero no por ello menos dañina.

Los celos surgen desde adentro, no de circunstancias externas. Podemos pensar: Esa persona no debería tener tanto; no lo merece. Pero ese razonamiento revela el problema real: los celos están arraigados en nuestro propio sentido de merecimiento o en la inseguridad. En Gálatas, Pablo los incluye entre las obras de la carne: actitudes y acciones que se oponen al carácter y a la obra de Dios en nuestra vida (Ga 5.17-21).

Los sentimientos de codicia pueden llevar a comparaciones poco saludables, que a menudo se convierten en competencia con otros. Si no se controlan, la envidia engendra resentimiento y daña las relaciones.

Aunque los celos son una lucha común, no tienen lugar en la vida del creyente. Cuando surjan pensamientos de envidia, debemos llevarlos al Señor. Él comprende nuestras luchas y nos da gracia para hallar contentamiento en lo que nos ha dado, en lugar de enfocarnos en lo que otros tienen.

BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 37-40