La película Vida oculta narra la historia de Franz Jägerstätter durante la Segunda Guerra Mundial. Asqueado por las atrocidades nazis y creyendo que solo Jesús es el Señor, Franz se negó a jurar lealtad a Hitler y fue detenido.
El pueblo de Franz lo trató con desprecio por oponerse a Hitler. Sus compañeros de celda ridiculizaban su fe, e incluso algunos sacerdotes pensaban que estaba siendo insensato. «A Dios no le importa lo que dices; solo lo que hay en tu corazón», dice una persona en la película, tentando a Franz a «aclamar» a Hitler sin sentirlo realmente, para salvar su vida. «Roca mía, fortaleza mía», ora Franz, «dame fuerzas para seguirte».
El Salmo 31 es la oración de una persona que se enfrenta a poderes malignos. «Sé tú mi roca fuerte, y fortaleza para salvarme» (v. 2), suplica David ante sus propios tiranos (vv. 4, 11), anhelando mantenerse fiel bajo presión (vv. 3, 10-13). «En tu mano encomiendo mi espíritu», ora (v. 5), palabras que más tarde repetiría Jesús en la cruz (Lucas 23:46).
Dios nunca deja sin recompensa la fidelidad que cuesta. Franz Jägerstätter se mantuvo fiel hasta el final. Como a Jesús, esta fidelidad le costó la vida. Pero así como Jesús resucitó de la tumba, Franz también resucitará algún día.



