Estaba acostando a mi nieto durante una fiesta de pijamas. Cuando el marcador de su Biblia se abrió en el Salmo 23, protestó: «Este ya lo leímos». Le sugerí que tal vez podríamos aprender algo nuevo, entonces leyó en voz alta: «El Señor es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pasteles me hará descansar». ¡¿Delicados pasteles?! Le expliqué que la palabra era pastos, no pasteles. Horas antes, él había estado en una panadería, eligiendo dulces. Su interpretación cobró sentido: para él, una panadería representaba un lugar de descanso y regocijo.

El Salmo 23 puede resultarnos tan familiar que pasamos por alto su profundo contenido. David, que conocía bien el oficio de pastor, describe la provisión de Dios a lo largo de una vida, con momentos tanto idílicos (vv. 5-6) como desafiantes (v. 4). Señala que nuestro buen Dios nos guía a lugares donde podemos ser renovados y prepararnos para lo que vendrá: somos sus ovejas (v. 1).

La interpretación inocente de mi nieto me abrió los ojos a los «delicados pastos» que Dios me ofrece cada día: lugares de descanso y regocijo donde Él me restaura. Un atardecer dorado; un campo verde; un rincón silencioso; una panadería con pasteles… ¡Cuánto me alegro de que volviéramos a leer el Salmo 23!

De:  Elisa Morgan

Reflexiona y ora
¿Qué situación de «delicados pastos» has experimentado inesperadamente? ¿Cómo te invita el Salmo 23 a disfrutar de la provisión de la presencia de Dios?
Dios, quiero disfrutar de tu presencia.