Condenado a cadena perpetua, Vico compartió con sus amigos su sentimiento de vacío. Cuando ellos le dijeron que Jesús llenaría ese vacío, se burló, ya que la idea de que fuera un hombre que murió y hoy viviera le parecía una fantasía. Aunque escéptico, tiempo después empezó a escuchar una emisora cristiana y a leer la Biblia. Finalmente, le pidió a Dios que se le revelara.
Su ansiedad comenzó a desvanecerse, y reflexionó: «Físicamente, estaba encarcelado entre dos enormes cercas en forma de jaula, pero mentalmente, estaba libre y protegido como Daniel en el foso con los leones». Poco después, recibió a Jesús como su Salvador.
Vico leyó la historia del Antiguo Testamento sobre Daniel, un exiliado de Judá que fue arrojado al foso de los leones. Daniel se había negado a dejar de orar a Dios tres veces al día, aun cuando el rey había firmado un edicto que prohibía toda oración durante treinta días excepto hacia él mismo (Daniel 6:6-10). Al rey «le pesó en gran manera» y lamentaba tener que castigarlo con una muerte segura entre los leones (vv. 14, 16). Pero Dios, revelando su poder y autoridad, mantuvo a Daniel a salvo, y «el rey […] se alegró en gran manera» (v. 23).
Sea cual sea nuestra circunstancia, incluso en medio de grandes dificultades, Dios nunca nos abandona. Solo necesitamos acudir a Él.



