Alan es un agricultor de quinta generación que administra la granja familiar de cerezas, duraznos y manzanas. A lo largo de los años, han perfeccionado el cultivo para obtener el máximo rendimiento, pero aun así, nunca tienen asegurada una buena cosecha. Factores como el clima, los polinizadores y las enfermedades están fuera de su control.
Sin embargo, toda la naturaleza está bajo el control de Dios. Él sabe que necesitamos provisión física como cultivos saludables, pero nos anima a mirar aún más alto hacia el bien supremo: Él mismo. El libro de Levítico contiene decretos que Dios dio a los israelitas respecto a todo, desde sacrificios y adoración hasta relaciones y justicia penal. Obedecerle traería bendición, incluida la provisión de una cosecha abundante (Levítico 26:3-4), pero la desobediencia ocasionaría maldición, y sus enemigos disfrutarían del fruto de su trabajo (v. 16). Más allá de los cultivos abundantes (v. 10), la bendición de Dios incluía la promesa de habitar con su pueblo (v. 11) y mostrarle su favor (v. 9 rvc).
Los israelitas fallaron una y otra vez, y nosotros también lo hacemos. Pero podemos arrepentirnos y volver a Él para disfrutar el regalo de su presencia (vv. 40-42), manifestada en Jesús y expresada ahora a través del Espíritu Santo.



