Puede ser fácil engañarnos al creer que lo que queremos hacer es lo que Dios quiere. Por eso, cuando pensamos haber escuchado del Señor, es importante hacernos algunas preguntas:
- ¿El mensaje que escuché es consistente con la Palabra de Dios? El Señor nunca nos pedirá hacer algo que vaya en contra de su Palabra. Si siente un impulso contrario a lo que dice la Biblia, puede estar seguro de que no proviene del Señor.
- ¿Puedo pedir con confianza a Dios que me capacite para hacer esto? Si se siente incómodo al pedirle ayuda a Dios, esa puede ser una señal de que la dirección no se originó en Él.
- ¿Es sabio? El Padre celestial nunca nos pide actuar de manera insensata. Si no hay un propósito discernible en la acción, puede que necesite cuestionar si el mensaje vino de Dios.
- ¿Encaja con mi identidad en Cristo? Como hijo de Dios, usted está siendo conformado a su semejanza. Si se siente guiado a hacer algo que no concuerda con el carácter de Cristo, puede estar seguro de que no proviene de Dios.
Dios está con usted por medio de su Espíritu Santo, capacitándolo para escuchar su voz y discernir su guía (Jn 14.26). Antes de precipitarse, pídale que le guíe para tomar buenas decisiones.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 76-78



