El corazón compasivo de Mary Slessor la llevó a abrir sus brazos a los necesitados. La misionera escocesa, nacida en 1848, sirvió entre el pueblo de Okoyong en una tierra lejana. La superstición allí hacía creer que, cuando nacían gemelos, uno era bueno y el otro era hijo de un demonio. Esto solía llevar a que ambos fueran abandonados para morir de hambre u otros peligros. Reflejando el corazón amoroso de Dios, Mary ayudó a salvar a cientos de niños, ¡y adoptó a nueve como propios!
En sus palabras inspiradas a la rebelde nación de Israel, el profeta Oseas ofrece un atisbo del corazón compasivo de Dios hacia los niños. Dijo: «en ti el huérfano alcanzará misericordia» (14:3). Declaró que Dios cuida a los suyos y los «[amaría] de pura gracia» (v. 4). Pero ellos debían dejar su rebeldía y abrazar los caminos del Señor. Se les instruyó abandonar los dioses paganos y volverse al Dios verdadero, quien se ocupa de los más indefensos: los huérfanos. Y si regresaban a Él, hallarían perdón de parte de Aquel que los «[aceptaría] con benevolencia» (vv. 1-2).
Al abrir nuestros brazos a quienes nos rodean, incluidos los niños en riesgo, reflejamos el amor de Dios. Abracemos su corazón compasivo y, con su ayuda, extendamos su cuidado a los necesitados.



