El duramen es el pilar sustentador de ciertos árboles. Aunque está muerto, no se descompone ni pierde su fuerza mientras las capas externas vivas permanezcan intactas. Compuesto de fibras unidas por una especie de «pegamento químico» llamado lignina, puede ser tan fuerte como el acero. Este componente de la estructura de un árbol le permite sobrevivir a las inclemencias de la naturaleza.
Cuando Pablo animó a los colosenses a vivir una vida de resurrección, podría haber usado la metáfora del duramen para expresar cómo son transformados los salvados: «Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:3). Dios transforma el núcleo muerto de nuestro ser y nos fortalece en el poder de Jesús resucitado para soportar las pruebas de esta vida.
Nuestro previo ser interior está tan muerto como el duramen de un árbol. No obstante, seguimos existiendo como las personas únicas que Dios nos creó para ser… y aún más. Somos hechos nuevos (Apocalipsis 21:5); somos nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17). En Jesús, «vivimos, y nos movemos y somos» (Hechos 17:28).
Vemos un ejemplo viviente de cómo la estructura de los árboles representa nuestra vida en Cristo. ¡Gracias sean dadas a Dios por transformarnos de la muerte a la vida!



