Ayer hablamos de cómo Dios le prometió a Moisés: “Yo estaré contigo” (Ex 3.12), ofreciendo su presencia como la respuesta suficiente a algo que parecía imposible. Hoy vemos cómo Dios también proporciona ayuda práctica para las tareas que nos encomienda. A veces esa ayuda llega a través de las personas que Él pone en nuestra vida.
La incapacidad de Moisés para hablar bien le hacía sentirse inadecuado. Pero Dios lo tranquilizó al decirle: “Yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar” (Ex 4.12). Entonces el Señor fue un paso más allá llamando a Aarón, el hermano de Moisés, para proclamar el mensaje (Ex 4.14, 15).
Dios podría haber dado a Moisés elocuencia de manera sobrenatural. En cambio, le envió un compañero. Esto nos muestra algo importante sobre cómo trabaja Dios.
El Señor tenía una respuesta para cada una de las preocupaciones de Moisés. Cuando lo obedecemos, Él también nos da lo que necesitamos para cumplir nuestro llamado. A veces es valentía, a veces es claridad y a veces es otra persona que compensa nuestras debilidades. Al dar un paso adelante en obediencia, descubrimos que la provisión de Dios no es solo una promesa: es ayuda práctica que se manifiesta de maneras reales y reconocibles.
BIBLIA EN UN AÑO: ISAÍAS 31-35



