El equipo de baloncesto de séptimo grado de nuestro nieto hacía todo lo posible por anotar. Atacar era su pasión. Pero después de cada canasta, el entrenador los instaba a que corrieran a defender, algo que a veces no hacían con ganas. Todos querían sumar puntos, pero ninguno parecía dispuesto a esforzarse para defender.

El entrenador les había enseñado que la clave del juego era prever los movimientos de los jugadores del otro equipo. Interceptar un pase o bloquear un tiro impediría que anotaran y ayudaría al equipo propio a ganar.

Una estrategia defensiva que prevé los movimientos de nuestro enemigo también puede ayudarnos en la vida espiritual. ¿Y quién es ese enemigo? La carta de Pedro a los creyentes en Jesús nos recuerda: «vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar» (1 Pedro 5:8). Por eso, Pedro había dicho: «Sed sobrios, y velad». De hecho, se nos llama a resistir a nuestro enemigo espiritual, permaneciendo «firmes en la fe» (v. 9).

Vivir con una defensa activa nos lleva, como creyentes en Jesús, a ser más eficaces en nuestra vida y en la obra que buscamos hacer para su reino. Si sufrimos reveses espirituales, el Dios de toda gracia nos fortalecerá y afirmará (v. 10). Él es quien construye nuestra sólida defensa.

De:  Patricia Raybon

Reflexiona y ora

¿Dónde has «dejado caer la pelota» en la defensa de tu vida espiritual? ¿Cómo puedes ser más sobrio y velar?
Dios, que no olvide que me defiendes.