Si queremos llegar a ser siervos poderosos de Dios, primero debemos decidir si basaremos nuestra vida en sus prioridades o en las del mundo.
Antes de la salvación, vivimos conforme a nuestros propios deseos. Sin embargo, la Biblia nos enseña a poner a Dios por encima de todo y “[considerar] a los demás como superiores a [nosotros] mismos” (Mt 6.33; Fil 2.3). Cristo enseña que esto implica amarlo de todo corazón y negarnos a nosotros mismos para seguirlo (Mt 22.37, 38; Mt 16.24).
¿Cómo podemos saber si estamos creciendo espiritualmente? Primero, nos sentiremos menos atraídos por el pecado y anhelaremos ser más como Cristo. Luego, sustituiremos hábitos impíos por actividades que honran al Señor. Después, comenzaremos a comprender verdades bíblicas más profundas y a aplicarlas en nuestra vida. Por último, nuestro discernimiento espiritual mejorará, y con la ayuda del Espíritu Santo elegiremos con mayor facilidad lo mejor de Dios.
¿Quiere llegar a ser poderoso en espíritu? Pase tiempo en las Sagradas Escrituras y pídale a Dios que le transforme. Al alinear sus prioridades con las de Él, descubrirá una fuerza y un propósito que no creía posibles.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 112-118



