Mientras contaba cuánto valoraba a un consejero mayor que escuchaba regularmente sus inquietudes, Tomás dijo: «Él es mi sauce hueco». Ante mi desconcierto, explicó que esa expresión eslovaca alude a alguien que guarda los secretos. En esencia, la persona es como un sauce que guarda a salvo la información confidencial dentro de su tronco.
Es un tesoro tener a alguien a quien confiarle nuestros temores y anhelos más profundos. Quizá hablando desde su propia experiencia, en Proverbios, el rey Salomón elogió a quien muestra discreción o «calla» (11:12). También contrastó a dos personas: «El que anda en chismes descubre el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo» (v. 13). Esta comparación ayuda a manejar con cuidado las conversaciones privadas, aunque no debemos permanecer callados si nos preocupa la seguridad de alguien.
En nuestro mundo digital, donde podemos difundir información rápidamente, puede ser tentador (y fácil) compartir detalles jugosos que generen reacciones. Pero el chisme no solo hiere a quien confió lo suficiente como para compartir, sino que también perjudica significativamente las relaciones cuando se rompe la confidencialidad. Todos podemos aspirar a ser «sauces huecos», personas íntegras en quienes se puede confiar que guarden un secreto.



