La adolescente se mantuvo firme. Mientras su grupo de la escuela visitaba un centro de rehabilitación para adicciones, Clara entabló conversación con un joven de veintitantos años que la superaba en tamaño. Hablaron sobre la fe.
Clara le presentó abiertamente el evangelio de Jesús, pero él contrarrestó con sus propias creencias espirituales, muy distintas. Fueron y vinieron en un intercambio amistoso. Finalmente, el joven miró a Clara y dijo: «Me convenciste. No puedo discutir lo que estás diciendo».
Aunque no puso su fe en Jesús, se había sembrado una semilla. Y aunque a Clara le habría encantado que el joven recibiera a Cristo, su decepción se equilibró con la realidad de que había hecho lo que Dios le pidió que hiciera ese día: «estad siempre preparados para presentar defensa» (1 Pedro 3:15). Compartió con amor el plan de salvación de Dios.
Clara no se avergonzaba del evangelio (Romanos 1:16); estaba preparada para «dar razón de [su] esperanza» (1 Pedro 3:15). Y sabía cómo hacer que su conversación fuera «siempre con gracia» para «saber cómo […] responder» (Colosenses 4:6) con el espíritu correcto al joven.
¡Qué privilegio nos brinda Dios de dar a conocer a Cristo! Estemos preparados para compartir con otros mientras Él provee lo que necesitamos.



