La película Sully describe el heroico aterrizaje de un avión de pasajeros averiado en el río Hudson de Nueva York. Al bajar del ferri de rescate, el capitán «Sully» le dijo a un oficial: «Necesito saber quién está herido y la gravedad, y también un conteo. Ciento cincuenta y cinco, entre pasajeros y tripulación». El hombre respondió: «Bien. ¿Y usted?». Sully contestó: «Responderé eso cuando hayamos contado hasta ciento cincuenta y cinco».
A Jesús también le interesa contar. Él es el buen Pastor que deja las noventa y nueve para buscar la oveja perdida. Cuando la encuentra, «se regocija más por aquella, que por las noventa y nueve que no se descarriaron» (Mateo 18:13). Esto no significa que la oveja perdida sea más importante que las demás. Pero el alivio de hallarla produce gozo. Así como los pasajeros de Sully se regocijaron al escapar de una muerte casi segura, también el cielo celebra cuando alguien recibe a Cristo.
¿Conoces alguna oveja perdida? ¿Alguien que parezca particularmente inalcanzable? Ora por esa persona. Háblale del amor de Jesús. No te rindas hasta que entre en el redil.
Tras la insistencia de Sully de un conteo, un oficial finalmente entró en el hospital donde examinaban al capitán, y sonriendo, dijo: «Tenemos el conteo. Ciento cincuenta y cinco».



