Dios se ha revelado a la humanidad y desea que tengamos una relación con Él. Sin embargo, no todos aceptan su invitación.
Sin Dios en el centro de nuestra vida, podemos encontrarnos a la deriva. Anhelamos algo que llene el vacío interior, pero quizás no reconozcamos que solo el Señor puede satisfacer ese anhelo. En nuestra búsqueda de significado, a menudo recurrimos a otras cosas —dinero, éxito, relaciones, logros— esperando que nos den la plenitud que buscamos. Invertimos pasión, tiempo y energía en estas cosas. Pero nada de lo que este mundo ofrece puede satisfacer por completo nuestra alma.
La hermosa verdad es que nuestro Padre celestial desea relacionarse con nosotros. Nos amó tanto que dio a su propio Hijo para hacer esto posible (Jn 3.16). La puerta permanece abierta.
Mire a su alrededor la evidencia de la presencia de Dios: en la belleza de la creación, en los momentos de bondad inesperada, en la persistente sensación de que hay algo más. Él le está invitando a ser su mejor amigo.
Si ha pospuesto responder a su invitación, considere lo que podría estar perdiéndose. Una relación con Dios ofrece paz, propósito y gozo más allá de lo que podamos imaginar (Ef 3.20). Y lo mejor de todo es que Él le espera con los brazos abiertos.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 90-94



