¿Alguna vez anhelas algo que vislumbras pero no logras alcanzar del todo? C. S. Lewis anhelaba felicidad. Escribió: «nuestro anhelo de hacernos uno con algo en un universo del que ahora nos sentimos distanciados, haber atravesado una puerta que siempre hemos visto desde fuera, […] es […] el indicador más fiel de nuestra verdadera situación. Y ser llamados por fin a entrar será […] la sanación de ese prolongado anhelo. […] El hombre en su totalidad está destinado a beber la felicidad de la fuente de la felicidad».
Lewis habla del gozo que experimentaremos plenamente cuando veamos a Jesús cara a cara. Como creyentes en Jesús, tenemos el gozo de Cristo a través de la obra de su Espíritu en nosotros. Pero, lamentablemente, este gozo está obstaculizado por el pecado y la muerte, las fuerzas del mal y el quebranto del mundo. Pablo escribe: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido» (1 Corintios 13:12). En el versículo 10, habla de «lo perfecto» que vendrá: el momento en que conoceremos y experimentaremos el gozo en su totalidad, porque estaremos con Jesús.
Aunque esperamos expectantes ese día, Él nos da ahora un pequeño anticipo del gozo desbordante y sin obstáculos del cielo.



