Como todos los hombres de Singapur, cuando cumplí dieciocho años, tuve que hacer el servicio militar obligatorio dos años y medio. Para ser sincero, lo afronté con bastante desgano. Como muchos otros, intentaba hacer lo mínimo, obedeciendo las instrucciones al pie de la letra… ni más ni menos.
Sin embargo, algunos se entregaron por completo a sus tareas y, al final, obtuvieron mucha experiencia, aprendiendo sobre liderazgo y perseverancia. Mirando atrás, me doy cuenta de que ese tipo de esfuerzo y actitud positiva habría agradado a Dios; muy parecido a lo que mostró José en las Escrituras.
A pesar de haber sido vendido como esclavo y luego encarcelado, cumplió con gran dedicación sus responsabilidades. En lugar de resentirse por su situación, tomó su papel en serio, al punto de que Potifar «dejó todo lo que tenía en mano de José» (Génesis 39:6). José terminó a cargo de la prisión y, finalmente, de todo Egipto.
Siglos después, el apóstol Pablo también exhortaría a los creyentes en Jesús: «todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús» (Colosenses 3:17). Aunque nuestras circunstancias estén lejos de ser ideales, que Dios nos ayude a ser fieles en las tareas que se nos asignan, porque trabajamos para Él, el único que ve nuestro corazón.



