Es fascinante poder ver tu propio corazón. Hace poco, lo hice. Un dolor en el pecho me llevó al médico, quien ordenó estudios que revelaron que mi corazón tiene exceso de calcio. Los médicos lo llaman aterosclerosis: endurecimiento de las arterias.

He hecho grandes cambios en mi dieta y actividad física, pero también comprendí que mis problemas cardíacos no surgieron de la noche a la mañana. En mi caso, fueron el fruto de decisiones insalubres. Con el tiempo, esos hábitos afectaron la salud de mi corazón.

Las Escrituras usan un lenguaje similar para describir la falta de salud espiritual. Nuestro corazón puede endurecerse gradualmente hacia Dios. Hebreos 3:7-8 (haciendo referencia al Salmo 95:7-8) dice: «Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación». Después de que Dios liberó a su pueblo de Egipto, ellos lo «probaron» (v. 9) durante su tiempo en el desierto.

Dios les había provisto fielmente, pero se negaron a reconocerlo (vv. 9-10). ¿Y nosotros? ¿Qué hábitos nos alejan de Dios, endureciendo nuestro corazón contra Él día tras día? Todos tomamos algunas de esas decisiones. Por eso, agradezco que hoy, Dios nos ofrece cambiar nuestro corazón de piedra por uno suavizado por su amor (ver Ezequiel 36:26).

De:  Adam Holz

Reflexiona y ora

¿Cómo está Dios acercándote a Él? ¿Cómo puedes aprender a oír su voz?
Padre, perdóname por mis malas decisiones. Ablanda mi corazón.