Kazuto y su esposa Migiwa esperaban ansiosos los resultados de la ecografía. El hígado de Migiwa fallaba y necesitaba urgentemente un trasplante. Kazuto podía donarle una parte de su hígado, pero el corazón de ella tenía que ser fuerte. La última ecografía había mostrado una ligera mejoría. ¿Se notaría más esta vez?

¡Qué decepción cuando los resultados fueron los peores hasta entonces! Kazuto dijo: «Después de consolar a mi esposa, también lloré yo solo. Pero esperar no es una pérdida de tiempo porque Dios está alimentando algo maravilloso […] mientras esperamos, aunque no podamos ver nada en la superficie».

La confianza de Kazuto en Dios era similar a la del rey David, que escribió: «Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor» (Salmo 27:14). Como Dios es nuestra «luz», «salvación» y «fortaleza» (v. 1), podemos confiar en Él para que nos dé esperanza en medio de la oscuridad (v. 3), nos consuele en nuestras pruebas (v. 13) y nos guarde en «su morada» (v. 5).

Cuando Dios parece tardar en responder, podemos seguir confiando plenamente en sus atributos inmutables. Al llevarle nuestras penas, digámonos: «Aguarda al Señor; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera al Señor» (v. 14). Él está con nosotros y siempre obra para nuestro bien.

De:  Poh Fang Chia

Reflexiona y ora
¿Qué estás esperando de parte de Dios? ¿A cuál de sus atributos puedes aferrarte mientras esperas?
Padre, ayúdame a ser fuerte mientras te espero.