A algunos de nosotros nos cuesta aceptar la gracia. Parece demasiado fácil creer en el Señor Jesucristo y luego tomar decisiones por cuenta propia. ¿No deberíamos los cristianos vivir de cierta manera para agradar al Señor? El problema con este razonamiento es que mezcla legalismo con gracia, al decir: “Claro, somos salvos por gracia, pero después de la salvación, más vale que sigamos las reglas si queremos mantenernos en el favor de Dios”.
La gracia es un motivador más poderoso que la ley. Si debemos hacer obras para agradar a Dios, la culpa nos acompaña, porque nunca seremos “suficientemente buenos” (Ef 2.8, 9). Cuando no cumplimos nuestras propias expectativas, podemos dudar de su amor o de nuestra salvación. Pero nuestro Padre no quiere que vivamos bajo la tiranía del rendimiento; ya hemos recibido su aceptación, y nada puede añadir más a ella.
La gracia no solo nos libera de la culpa, sino que también nos motiva a obedecer al Señor y servirle con amor y gratitud por todo lo que ha hecho por nosotros. En lugar de sentirnos agotados o atrapados por el miedo, tendremos un deseo ferviente de servirle.
Cuando usted entiende y vive en la gracia de Dios, se sentirá lleno de energía, porque la obediencia y el servicio serán un resultado natural del amor desbordante del Señor.
BIBLIA EN UN AÑO: SALMOS 79-84



