Miguel se rio mientras Brisa se escondía detrás de un menú. Estaban jugando al escondite mientras esperaban la comida en una cafetería. La niña de cinco años pensaba que si ella no podía ver a su padre, él tampoco podía verla. Más tarde, Miguel se dio cuenta de que eso contenía una lección importante: ¿Creemos que podemos ocultarle nuestros pecados a Dios? ¿Pensamos que, si no podemos verlo, Él no puede vernos?

En Amós 9, se hace esta misma observación cuando Dios, hablando a través del profeta, le advierte a Israel que no piense que puede escapar al juicio por sus pecados: «Aunque se oculten […], allí los buscaré y los atraparé». Les dijo: «fijaré en ellos mis ojos» (vv. 3-4 nvi). Nada escapa a los ojos del Dios que todo lo ve y todo lo sabe.

Pero la advertencia también iba acompañada de un mensaje de esperanza. En los versículos 11-15, Dios promete la restauración: «levantaré el tabernáculo caído de David, […] y levantaré sus ruinas» (v. 11). Después de sufrir las consecuencias de su pecado, el pueblo de Dios sería restaurado (vv. 13-15).

Así como Dios ve nuestras fallas, también ve nuestro arrepentimiento, y está dispuesto a perdonar y restaurar. Aferrémonos fuertemente a nuestro Dios santo y justo, lleno de misericordia y gracia.

De:  Leslie Koh

Reflexiona y ora

¿Con qué pecados estás luchando? ¿Cómo responderás a la disposición del Señor a restaurar?
Dios omnisciente, gracias por tu misericordia y tu gracia; mi esperanza está solo en ti.