La primera epístola de Juan no tiene como tema principal la salvación, aunque enseña la importancia de confesar el pecado. Fue escrita a personas que ya tenían una relación con Dios, pero necesitaban recordar cómo mantenerse en comunión con Él. El Padre celestial desea que sus hijos disfruten de su presencia, pero el pecado sin confesar puede obstaculizar esa comunión.
Los creyentes hemos nacido de nuevo (2 Co 5.17), pero aún no somos perfectos y seguimos enfrentando la tentación. Nuestros cuerpos tienen deseos naturales de descanso, alimento y placer. Cuando esos deseos están bajo la dirección del Espíritu Santo, vivimos con gozo y honramos a Dios. Pero cuando permitimos que nos controlen, nos alejamos de la comunión con Él y “andamos en tinieblas” (1 Jn 1.6).
Es importante entender que “andar en tinieblas” no significa perder la salvación; quienes han recibido a Cristo como Salvador nunca perecerán (Jn 10.28, 29). Más bien, significa vivir de una manera que debilita nuestra conciencia de la presencia de Dios.
Nuestro Padre celestial quiere que vivamos en comunión con Él para experimentar la plenitud del gozo. Esto sucede cuando pasamos tiempo en su presencia (Sal 16.11), nos alineamos con su voluntad y lo damos a conocer a quienes nos rodean.
BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 31-32



