John Taylor fue un cirujano británico del siglo XVIII que, por arrogancia, se creó una reputación prestigiosa. Tras relacionarse con celebridades, se convirtió en el oculista personal del rey Jorge II. Viajaba por el país realizando espectáculos médicos que prometían curas milagrosas, y a menudo escapaba de los pueblos durante la noche con bolsas llenas de dinero. Los registros sugieren que era un charlatán y que quizá dejó ciegos a cientos de pacientes. La historia no lo recuerda como un médico destacado, sino como el que destruyó la vista de dos de los mayores compositores del siglo: Bach y Händel. Su legado revela sus mentiras y el daño que causó.

Proverbios advierte sobre la ruina que trae el egocentrismo. La arrogancia no solo arruina nuestras vidas, sino que también afecta a otros: «Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre» (Proverbios 18:12). La caída es estrepitosa.

Mientras que un corazón orgulloso nos destruye a nosotros y a quienes nos rodean, el corazón humilde conduce a una vida llena de significado y gozo: «la humildad es preludio de la gloria» (v. 12). Si buscamos con egoísmo nuestros propios intereses (v. 1), nunca encontraremos lo que anhelamos. Pero si nos rendimos a Dios y servimos a los demás, lo honramos y reflejamos su bondad.

De:  Winn Collier

Reflexiona y ora

¿Cuándo viste que la arrogancia llevó a una caída? ¿Cómo has visto que la humildad lleva a la honra?
Dios, dame un corazón humilde.