Cerca de casa, hay un famoso jardín donde solemos pasear con un niño al que cuidamos. Su área favorita es el jardín infantil, que tiene una pequeña puerta lo suficientemente grande para que él corra a través de ella, pero lo bastante baja como para que yo tenga que agacharme. Él ríe mientras me arrodillo y atravieso la pequeña abertura para perseguirlo.

Esa puerta me recuerda la lección objetiva de Jesús en Mateo 18, donde hace acercar a un niño para explicar qué tipo de persona entrará en el reino de los cielos (v. 2). Fue un ejemplo audaz, ya que en la época de Cristo, ser niño implicaba ser insignificante y pasado por alto. A diferencia de hoy, sus opiniones y deseos no importaban. Jesús usa esa descripción para resaltar nuestra tendencia humana a buscar reconocimiento, poder e influencia.

Claro, Jesús no les pedía a sus discípulos que volvieran a ser niños, sino que señalaba los rasgos que caracterizan a quienes le sirven. El más importante es la humildad: la persona que «se [humilla] como este niño» (v. 4) y sirve a los demás.

La pequeña puerta del jardín es un recordatorio de que la humildad no nos surge naturalmente. Pero los creyentes en Jesús debemos ser así; seguir a nuestro Salvador, quien nos dejó ejemplo al «[tomar] forma de siervo» (Filipenses 2:7).

De:  Matt Lucas

Reflexiona y ora

¿En qué áreas de tu vida buscas sobresalir para que te vean? ¿Cómo puedes aprender a vivir más parecido a Jesús?
Padre, perdona mi orgullo. Ayúdame a ser humilde.