Isaías 55.8, 9

Cada vez que ocurre un desastre, surgen preguntas de inmediato: ¿Por qué permite el Señor que sucedan cosas malas? ¿Dónde está Él en medio del sufrimiento?

Estas son preguntas antiguas: Job las hizo, los salmistas también, y los creyentes a lo largo de los siglos han luchado con ellas. El pasaje de hoy nos recuerda que los pensamientos y los caminos de Dios son más altos que los nuestros. No es una respuesta escurridiza; es el reconocimiento de que vivimos en un mundo caído, donde operan leyes naturales, existe el libre albedrío y el sufrimiento toca a todos, justos e injustos (Mt 5.45).

Dios no es el autor del mal ni planea las tragedias. Sin embargo, Él es soberano: nada escapa a su conocimiento ni a sus propósitos. Esta verdad está en el corazón de nuestra fe. Dios se duele con nosotros en el sufrimiento y, a la vez, obra de forma redentora en medio de este. No siempre interviene, pero está presente tras el desastre, trayendo consuelo, fortaleza y restauración.

Debemos resistir la tentación de simplificar los caminos de Dios en fórmulas comprensibles. Cuando no logremos entender sus propósitos, permanezcamos firmes en lo que la Biblia revela: Él es fiel, está presente en el sufrimiento y, al final, triunfará sobre todo mal (Ap 21.4).

BIBLIA EN UN AÑO: PROVERBIOS 9-12