Mi amiga necesitaba practicar el estacionamiento en paralelo antes de su examen de conducir. Yo oraba para encontrar un lugar seguro donde enseñarle, cuando se me ocurrió ir a una iglesia cercana con un amplio estacionamiento. Después de armar lo que resultó ser un espacio de práctica poco ideal usando sillas plegables, ella hizo su primer intento de retroceder entre las sillas.
En ese momento, salió el pastor con conos naranjas, similares a los que se usan en los exámenes. Se presentó y preguntó: «¿Les servirían estos conos?». Explicó que la semana anterior su iglesia había hablado sobre formas de ayudar a los vecinos nuevos en la comunidad, ofreciéndoles usar esos conos en el estacionamiento para practicar. Se habían preparado para ayudar a otros, ¡y qué bendición fueron para mi amiga!
Preparados para ayudar a otros. Esto es exactamente lo que Dios hizo por nosotros y en nosotros. Él «preparó de antemano» buenas obras para que hagamos y cuidemos de los demás (Efesios 2:10). Pablo dice: «Somos hechura [de Dios]» (v. 10), así que servimos bajo su guía y para sus propósitos. Nuestras buenas obras son obra del Dios «rico en misericordia» (v. 4) a través de nosotros. Él nos ha preparado, y nos dará la compasión y sabiduría necesarias para llegar a los demás.



