Al aprender sobre la naturaleza de los celos, quizás usted se dé cuenta de que lucha con este problema. Si es así, es importante abordarlo. Sin control, la envidia no se queda solo en la mente; se desborda y causa gran daño (Pr 14.30), como…
- Relaciones rotas. Los celos crean distancia con quienes envidiamos. Nos vuelven críticos, nos alejan y nos dificultan alegrarnos por sus éxitos.
- Insatisfacción constante. Cuando nos enfocamos en lo que otros tienen, dejamos de valorar lo que tenemos. Los celos nos hacen buscar satisfacción en otro lugar, sin que la encontremos.
- Energía desperdiciada. La energía que invertimos en compararnos con otros podría usarse para crecer, fortalecer relaciones y cumplir nuestro llamado. Los celos nos estancan.
- Amargura y resentimiento. Lo que comienza como “ojalá yo tuviera eso” puede convertirse en resentimiento que envenena nuestra perspectiva.
- Pérdida de paz. Los celos y la paz no pueden coexistir. La envidia nos roba el contentamiento y el descanso.
Comprender dichas consecuencias puede motivarnos a enfrentar este problema. Con la ayuda de Dios, podemos iniciar el camino hacia la sanación y la restauración.
BIBLIA EN UN AÑO: JEREMÍAS 41-45



