Después de un largo viaje, mi esposa y yo finalmente nos acercábamos a nuestra calle, pero un cartel grande que decía CARRETERA CERRADA AL TRÁFICO bloqueaba nuestro camino. Sentí el impulso de rodearlo porque no quería desviarme. Pero luego vi por qué estaba cerrado: un cable eléctrico caído cruzaba la calle. Si hubiera ignorado la advertencia, podría haber conducido hacia el peligro.
En Hechos 16:6-10, Pablo y sus compañeros estaban ansiosos por predicar el evangelio en Asia, pero el Espíritu Santo les cerró esa puerta. Sin embargo, los desvíos no siempre son negativos; pueden ser redirecciones divinas. Como el bloqueo en nuestra calle, Dios desvió a Pablo de entrar en la provincia de Bitinia. Debe haberle resultado frustrante ser detenido, especialmente al esforzarse por hacer lo mejor. Pero luego recibió una visión en la que un hombre decía: «Pasa a Macedonia y ayúdanos» (v. 9). Dios dijo que no a algo bueno porque los estaba preparando para otra cosa: llevar el evangelio a la gente de otro continente (v. 10).
No consideremos el «no» como castigo o rechazo sino como una redirección guiada por el Espíritu. Sus desvíos suelen ser caminos hacia citas divinas. No solo confiemos en su dirección cuando los caminos estén abiertos, sino también cuando los cierre.
De: Marvin Williams



