Cuando llevaba a su hijo de nueve años a un campamento, una madre se perdió tras tomar una salida equivocada y quedar el auto varado en un camino rural en las montañas de Sierra Nevada, California. Su GPS y el teléfono dejaron de funcionar porque era una zona alejada, así que no pudieron regresar por donde habían ido. Desesperados, después de estar perdidos más de un día y dormir en el auto, comenzaron a caminar, dejando notas en el camino: «SOCORRO. Mi hijo y yo estamos perdidos y sin señal, y no podemos llamar al 911». Al no llegar al campamento, equipos de rescate salieron a buscarlos. Hallaron el auto, las notas y luego los encontraron de inmediato.
Los israelitas clamaron desesperadamente a Dios por ayuda porque los egipcios, que los habían esclavizado, estaban maltratándolos con dureza (Éxodo 1:11-12). Al hacerlos trabajar sin piedad, «amargaron su vida con dura servidumbre» (vv. 13-14). Es muy probable que se preguntaran si sobrevivirían a tanta crueldad. Pero Dios escuchó sus clamores y levantó a Moisés para liberarlos (3:4-10). Finalmente, Dios lo utilizó para rescatarlos y sacarlos de Egipto (ver Éxodo 14–15).
Ya sea que nos sintamos perdidos o maltratados, Dios siempre está cerca y su oído atento a nuestro clamor. En su tiempo y a su manera, enviará la ayuda que necesitamos.



