«Maté gente en el pasado —dijo Tanitan—, pero desde que decidí creer en Jesucristo, Él no me permitirá cometer más tales prácticas». Tanitan, miembro de la tribu ilongot de las montañas de Sierra Madre en Filipinas, provenía de una cultura de cazadores de cabezas: cazar humanos y cortarles la cabeza. Al comparar su vida antes de conocer a Dios con su vida actual, dijo: «Antes tenía miedo de morir pero no miedo de matar. Ahora, tengo miedo de matar pero no miedo de morir».
Al leer la historia de Tanitan en el libro To the Headhunters of Sierra Madre [A los cazadores de cabeza de Sierra Madre], de Florentino Santos, pensé en cómo su nuevo temor o reverencia hacia Dios desarrolló su deseo de obedecerle. Recordé las palabras de Moisés a los israelitas antes de entrar en la tierra que Dios les había prometido: «¿qué pide el Señor tu Dios de ti, sino que temas al Señor tu Dios…?» (Deuteronomio 10:12). La reverencia a Dios debía reflejarse en la obediencia a Él. El pueblo de Dios debía andar en todos sus caminos, amarlo, y guardar sus mandamientos y estatutos (vv. 12-13).
Como creyentes en Jesús, nuestro profundo respeto por la santidad de Dios nos impulsa a aborrecer el mal y a hacer lo que le agrada (Proverbios 8:13). Pidámosle que nos ayude a hacer de la reverencia a Él un estilo de vida.



