Hace treinta años, participé en una actividad en un taller de desempleo que recuerdo hasta hoy. A mis compañeros despedidos y a mí nos invitaron a escribir nuestros discursos de jubilación. ¿Qué? Estábamos buscando empleo y lejos de la edad de jubilarnos. Pero la facilitadora explicó el propósito de la actividad: «Es probable que su discurso tenga poco que ver con su trabajo». Dijo que, aunque estuviéramos lamentando la pérdida de un empleo, nuestras vidas significaban mucho más que estar empleados.
Los detalles sobre el final de la vida de Abraham me recuerdan esta lección. Murió «en buena vejez, luego de una vida larga y satisfactoria» (Génesis 25:8 NTV). A lo largo de las Escrituras, leemos acerca de la fidelidad de Abraham en seguir las instrucciones de Dios, pero no mucho sobre su trabajo. La fe que mostró el patriarca (15:6) me recuerda la conclusión del Predicador en Eclesiastés: «al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo» (2:26). Esto lo dijo después de reflexionar sobre el significado de la vida y cómo uno puede encontrar satisfacción en medio del trabajo (vv. 24-25).
Incluso en tiempos de pérdida y ansiedad debido al desempleo, es útil reflexionar en el ejemplo de Abraham y las palabras del Predicador: la verdadera satisfacción solo se encuentra en Dios.
De: Katara Patton



