Cuando comenzó el concierto al aire libre, sentí una gota de lluvia en la mejilla. Miré hacia arriba y vi nubes amenazantes. Pero al haber pagado un precio elevado por las entradas, no tenía intención de irme por mal tiempo. Luego empezaron a abrirse paraguas. Una mujer se tapó el cabello con una bolsa de plástico. Bastó un solo trueno ensordecedor para que la artista tomara el micrófono y rogara que nos refugiáramos.

En medio de la lluvia torrencial, cruzamos por charcos de barro y corrimos hacia el gimnasio de una escuela cercana. Completamente empapados, nos amontonamos con desconocidos durante media hora, aún con la esperanza de que la tormenta pasara. Al salir, vimos que la banda ya había empacado y estaba lista para irse.

Cuando llegan tormentas en la vida, ¿adónde podemos correr? Dolor, preocupación, enfermedad y confusión pueden atemorizarnos y hacernos sentir la necesidad de refugiarnos. Precisamos una protección fuerte. El Salmo 91 nos recuerda que Dios prometió rescatarnos y estar con nosotros en la dificultad. «Yo lo libraré, porque él me ama; lo protegeré, porque conoce mi nombre» (v. 14 nvi). Cuando necesitamos ayuda, podemos invocar su nombre y Él responderá (v. 15).

Cuando nos falte valor, podemos apoyarnos en su fuerza. Él es nuestro refugio en cualquier tormenta.

De:  Cindy Hess Kasper

Reflexiona y ora
¿Qué tormentas estás experimentando? ¿Cómo puedes obtener el refugio y la protección que Dios te ha prometido?
Dios, me refugio en ti.