Sobre mi escritorio hay un tablero con recordatorios. En él, está sujeta una lista titulada: «10 hábitos para una gran salud», que recorté hace años de una revista de nutrición. Hace poco, me sorprendió darme cuenta de que, aunque veo esta lista todos los días, solo podía recordar cuatro elementos. La lista se había vuelto una parte tan familiar de mi entorno diario que la miraba sin realmente verla ni seguir lo que decía.

Santiago describe algo similar en la actitud de muchos creyentes hacia las Escrituras: «si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. […] y se va, y luego olvida cómo era» (Santiago 1:23-24). Muchos seguidores de Cristo conocen lo que dice la Biblia; pero podemos ser «solamente oidores» (v. 22). De esta manera, nos engañamos respecto al poder y la autoridad de las Escrituras, sin verla como «la perfecta ley, la de la libertad» (v. 25).

Santiago nos dice que seamos «hacedores de la palabra» (v. 22). Un «hacedor» mira «atentamente» las Escrituras y «persevera en ellas» (v. 25), cumpliendo constantemente lo que dice. Obedecer a Dios no debería ser solo algo que hacemos, sino algo que fluye de lo que somos. Con su fuerza, podemos vivir su Palabra en nuestro mundo.

De:  Karen Huang

Reflexiona y ora

¿Por qué debemos ser «hacedores de la palabra»? ¿Qué enseñanza de la Biblia podrías pedirle a Dios que te ayude a obedecer?
Dios, que obedecerte sea mi esencia.